El cuento escondido de la Guerra Fría

El cuento escondido de la Guerra Fría

BJ Odita (Rider University), Hannah Powers (University of Colorado), Anna Morgan Couch (Auburn University).

 

El cuento escondido de la guerra fría pag 2Era una noche fría y oscura. Había llovido todo el día. Una mujer pelirroja y alta, que se llamaba Carmen, llegó al Hotel H con todo el silencio de la noche. “Mi habitación, por favor,” dijo. Mientras la recepcionista le dio las llaves, un hombre silencioso le estaba mirando, pero ella nunca le vio. Carmen subió a su habitación, se sentó y suspiró  porque había tenido un día difícil. “Estoy aquí y lo he hecho. Ahora, simplemente necesito cambiar los documentos con mi cliente y después puedo jubilarme en las Islas del Caribe.” Se levantó y empezó a maquillarse para conocer al hombre misterioso que había estado al otro lado del teléfono. Dejó de la habitación y se fue al bar. Mientras que ella estaba saliendo, el hombre del recibidor la miró y cuando Carmen había salido, él se acercó a su habitación y abrió la puerta con su copia de la llave. Entró a la habitación y empezó a buscar los documentos. “Necesito encontrar esos documentos para mantener la paz del mundo. Si ella da los códigos nucleares a los oficiales de la Unión Soviética, los Estados Unidos perderá la Guerra Fría.”

Durante el tiempo en que él estaba buscando las cosas que ella había robado, ella regresó del bar. Se enojó porque su contacto no había venido. Cuando subió al ascensor, recibió una llamada del hombre. Le dijo algo y ella respondió, “de acuerdo, de acuerdo. Esperaré en la habitación 233.” José estaba frustrado porque no pudo encontrar las cosas robadas. Había mirado en su maleta, en su ropa y en el baño, pero no tuvo suerte. Mientras que las puertas del ascensor se estaban abriendo, José vio su caja de maquillaje. “Claro que ella no podía poner los documentos allí,” pero no había otro lugar donde buscar entonces decidió verificar. Abrió la caja y encontró muchas barras de labios, máscaras, y también encontró un pequeño interruptor. Lo tocó y una parte secreta de la caja abrió. Finalmente había encontrado los documentos.

No podía sentirse feliz porque a la misma vez, escuchó el sonido de las llaves. Ella ya había regresado. El trató de ocultarse, pero no había ningún lugar para esconderse. Vio la cama y gateó debajo de ella. En el momento en el que él se cubrió las piernas, ella entró. Carmen se sentó en la cama y su peso aplastó a José. Se cambió la ropa y se dio cuenta de que tenía hambre, entonces llamó al restaurante del hotel. “¿Me pueden subir un sándwich mixto y una cola light, por favor?” El estómago de José gruño porque él tampoco había tenido tiempo para comer. Cuando llegó la comida, Carmen estaba sorprendida porque no había solamente un sándwich, sino también flores y un sobre. Regresó a su cuarto y se sentó para disfrutar su sándwich y leer el sobre misterioso. “Carmen: No puedo conocerte porque estamos vigilados. Hay un estadounidense que ya sabe que tienes los documentos y está tratando de recogerlos para devolverlos a los Estados Unidos. Ya está en el hotel, te ha estado mirando desde el momento en que entraste. No quiero sacrificar mi seguridad y la seguridad de los documentos tampoco, entonces regresaré a Rusia. Guarda los documentos y protégelos con tu vida. Voy a darte más instrucciones cuando sea seguro. Cuídate.”

Le sorprendió el contenido del sobre y se le cayó el plato donde había estado el sándwich. El plato cayó debajo de la cama donde estaba José. Él no pudo respirar por miedo de las piernas que se le estaban acercando. Trató de mudarse al otro lado, pero no pudo porque no había mucho espacio. Cuando Carmen trato a recoger el plato del piso, vio al hombre. Preguntó el hombre, “¿Que estás haciendo bajo mi cama?” Dándose cuenta de que el hombre era el estadounidense, miró su caja de maquillaje, que todavía estaba abierta y gritó. José empezó a moverse frenéticamente fuera de la cama, y se paró justo a tiempo de ver el cañón de la pistola que ella había cogido de su maleta. “Dame los documentos, ahora” le dijo Carmen. “No,” le respondió, “porque si los tienes, los EE.UU. perderán la guerra.” Y con sus comentarios José golpeó la pistola de ella y corrió por la ventana, cayendo en las aguas de la mar al lado del hotel, donde había un barco que le estaba esperando.

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